martes, junio 07, 2011

Democratizar el amor I


Nota previa: este post NO va dedicado a las parejas felizmente casadas NI a las parejas de hecho consolidadas. Se centra en la anónima masa de solteros/as que no ha encontrado hasta la fecha un medio razonable de alcanzar la loable meta amorosa.

En la actualidad existen numerosos medios para buscar nuestra media naranja, si es que tal concepto realmente existe, lo cual dudo mucho. Unos están permitidos y otros son mal vistos por la sociedad. El trabajo o la formación profesional, las asociaciones profesionales, lúdicas o religiosas son ámbitos en los cuales la búsqueda de pareja no es lo primero que se considera. Como es normal, son organizaciones que se han creado con otros fines más "serios".

Nuestra sociedad carece totalmente de un medio fiable, directo y digamos que honrado para alcanzar tan loable fin. Las páginas de contactos en prensa y la prostitución eran las dos vías a mano para el hombre del siglo XX. La primera opción ponía a disposición del interesado un grupo escaso de miembros del sexo opuesto y la segunda cubría la necesidad inmediata de sexo que todo hombre tiene y que no sabía o podía satisfacer. Nótese que hablo de hombres que buscan relaciones heterosexuales. Evidentemente todo eso ha cambiado... ahora las mujeres han adoptado un papel más proactivo que antes y también las relaciones se han coloreado con la variante totalmente lícita de la homosexualidad.

Estamos en el siglo XXI e Internet y las redes sociales han llegado para quedarse. Sin embargo, estas herramientas se quedan cortas a la hora de satisfacer nuestro objetivo, que es el de la búsqueda del otro significativo. Como usuario habitual de páginas como Facebook, Twitter, Badoo o páginas de contactos de pago, he detectado carencias significativas que me han obstaculizado esta búsqueda que he señalado tan importante para mí y para muchas personas más. Existe una página todavía no creada ni bautizada que en un futuro cercano proveerá un servicio inestimable a todos los solteros/as que buscan el amor. Hay un pulsante clamor al respecto.

Por supuesto que ni los creadores de Facebook ni de Twitter tuvieron en mente la búsqueda de pareja a la hora de diseñar sus páginas. ¿Seguro? Revisando la película "La Red Social" veremos cómo Mark Zuckerberg se veía excluido de ciertos saraos a los cuales sólo acudían los miembros más sobresalientes, socialmente hablando, de su universidad. Quizás Facebook se use más para poner en contacto a amistades de la infancia o para compartir eventos con nuestros amigos actuales pero en la raíz anida un deseo de afinidad que Mark no podía hacer realidad, hasta ahora. No es ningún misterio que él no estaba precisamente en lo alto de la escala relacional en el microcosmos de Harvard.

Aquí me estoy dedicando exclusivamente a un colectivo ciertamente marginal. Se trata de personas que han intentado emparejarse numerosas veces y no lo han conseguido. Su relevancia social es muy reducida pero esto no debería incapacitarles para desarrollar una sana sexualidad y un reconfortante empleo de la intimidad en familia, heterosexual u homosexual. El artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos lo avala. La propia Biblia nos dice:

Génesis 2:18 - "No es bueno que el hombre esté sólo" (y por ende, la mujer)

Este siglo pasado hemos visto cómo personas que tenían discapacidades y déficits de un tipo u otro han medrado, llegando a alcanzar una calidad de vida adecuada a sus circunstancias e incluso similar o superior a la de personas sin handicaps de ningún tipo. Hemos hecho un gran esfuerzo. Sin embargo, este siglo XXI va a ser (estoy convencido) la centuria en la cual se va a cruzar otro límite, el impuesto hasta ahora por el darwinismo social. Esta teoría se queda muy corta a la hora de explicar todo el amplio y rico abanico de conductas humanas pero, sin embargo, podría (no sin acotaciones ni sin polémica) emplearse en el área de la afinidad sexual, todavía hoy demasiado dirigida por los instintos y la genética.

Sólo quiero llamar la atención sobre este hecho en este día que, como otro cualquiera, me encuentro sólo frente al ordenador, sin ser capaz de dar salida ni respuesta a las preguntas e inquietudes que arden en mi interior. No sé cuando ni cómo se orquestarán las medidas conducentes a una democratización del amor pero si sé que me gustaría ser uno de sus principales iniciadores y, por supuesto, también beneficiario.

No pretendo obtener una muñeca a la carta, objetivizar una mujer de rojo personalizada para todo hombre. Eso es imposible. Pretendo algo más factible, conseguir un cambio similar al producido en todas las sociedades occidentales actuales, en las cuales hay asociaciones y movimientos que cuidan de las personas desfavorecidas para que no falte un trozo de pan en su mesa, en las que el Estado y los propios ciudadanos garantizan con sus impuestos que los más indefensos (ancianos, discapacitados, parados, presos, toxicómanos, etc) y vulnerables tengan acceso a una vida digna.

No se me ocurre pensar en un modo concreto de actuar, por lo menos no ahora mismo. Sólo señalo una puerta que alguien tendrá que abrir, más tarde o más temprano. Pienso en la manera actual de solventar este problema, individual y apelando a la libertad de cada uno. Sin embargo, hay momentos en los cuales las preocupaciones de unos pocos se transforman en las de todos.

Una sociedad moderna bien engrasada está formada por miembros satisfechos, en todas las facetas de su vida. En cambio, el resentimiento, la pasividad, el rencor, la envidia, la angustia, la tristeza o la indefensión son consecuencias muy humanas que resultan de carencias afectivas no resueltas y que corrompen desde dentro familias, grupos y naciones, aumentando el número de enfermedades mentales y suicidios. De hecho, según la OMS, 121 millones de personas en el mundo se ven afectadas por la depresión, la cual puede tener su origen en un fracaso amoroso, entre otros muchos desencadenadores. Estamos obligados a actuar ante el malestar de tantas personas en el mundo.

Como hemos visto hace tan sólo medio mes (el movimiento 15 M), la gente arde en deseos de luchar por la utopía. Estoy convencido de que esto también será realizable, más tarde o más temprano, como otras luchas, impensables en el pasado, como el reciclaje, la igualdad de sexos, la conciliación de la vida familiar y laboral, la normalización de la homosexualidad y tantas otras que se han conseguido o están en marcha.

Mientras tanto, seguiremos soñando y luchando. Siempre.





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